Aeroterapia



La utilización de los efectos saludable del aire.

El ser humano a veces suele preocuparse por lo que come o bebe, cuando padece una alteración de la salud se preocupa de las medidas que debe adoptar para recuperar su estado de salud, mientras que presta poca o ninguna atención a un hecho fundamental para su vida y su salud: como es realizar una correcta respiración.

Todas las funciones que realizan los diversos órganos de nuestro cuerpo son imprescindibles para la salud y la conservación de la vida, pero podríamos afirmar que la respiración ocupa uno de los primeros lugares en importancia, ya que de ella dependen todas las demás.

La vida en las grandes urbes o en densos núcleos de población con el consiguiente tráfico rodado, el humo de las industrias, las viviendas pequeñas y mal ventiladas, especialmente los dormitorios, el humo del tabaco en los lugares de trabajo y en la propia vivienda, la falta de ejercicio físico con predominio de una vida excesivamente sedentaria, son factores que determinan una oxigenación insuficiente de nuestra sangre y, en consecuencia, de las células de los tejidos de nuestro cuerpo, lo cual repercute negativamente en nuestro estado de salud.

Los glóbulos rojos de la sangre contienen un pigmento llamado hemoglobina que, gracias al hierro que posee, es capaz de fijar el oxígeno que llega a los alveolos pulmonares y desprender gas residual de nuestro metabolismo: el anhídrido carbónico o dióxido de carbono. Uno de los órganos que precisa mayor cantidad de oxígeno es el cerebro.

Por ello todo empobrecimiento de oxígeno en la sangre va a repercutir también negativamente en aspectos emocionales e intelectuales del individuo. Las necesidades de oxígeno de nuestro organismo aumentan con la práctica de ejercicio físico, sobre todo por la gran demanda que ejercen los músculos en plena actividad. Así, mientras una persot1a necesita unos 300 litros en una hora cuando realiza un trabajo sedentario, precisa 500 litros cuando realiza un esfuerzo físico moderado, o 600 litros si se trata de un trabajo físico intenso. También se sabe que una persona en una situación de estrés consume tres veces más oxígeno que en una situación de tranquilidad.

Nuestro metabolismo produce un componente residual: el dióxido de carbono, que eliminamos mediante la espiración.

Cuanto mayor son las concentraciones de anhídrido carbónico mayor es el peligro para nuestra salud, la concentración de este gas puede llegar a tal proporción que nuestra salud se vea seriamente amenazada. De ahí la importancia de disponer de un aire limpio, que no esté sobrecargado de anhídrido carbónico, y a la vez procurar una buena ventilación de nuestras viviendas.

Como dato interesante debemos saber que la infinidad de alveolos pulmonares de que dispone nuestro aparato respiratorio hace que la superficie de intercambio gaseoso de nuestros pulmones sea aproximadamente de 100 m2, que va a recibir unos 6.000 litros de aire al día.

Resulta obvio, pues, que todos los factores que reduzcan esta superficie (alteraciones pulmonares, respiración deficiente, etc. ) y el volumen de aire puro (mala ventilación de habitaciones y viviendas, contaminación atmosférica, soportar el humo de los que fuman, etc.) va a ser negativo para el buen funcionamiento y salud de nuestro cuerpo.

Además del problema del aumento del anhídrido carbónico en nuestra atmósfera, como consecuencia de una actividad industrial excesiva y no controlada, el aire puede cargarse de otros productos sumamente tóxicos, incluso en concentraciones muy pequeñas, como el dióxido de azufre, responsable de la llamada «lluvia ácida», el monóxido de carbono, invisible, e inodoro, pero uno de los más peligrosos por su capacidad de fijación y bloqueo de la hemoglobina de los glóbulos rojos, los gases que contienen flúor, plomo y cloro, el benzopireno, que es cancerígeno, procedente de los tubos de escape de los automóviles, calefacciones de gasoil, etc.), así como los muchos tóxicos que contiene el humo del tabaco que respiramos fumemos o no.

Aunque las vías respiratorias poseen una cierta capacidad de autolimpieza, la estancia frecuente en ambientes cargados de humo y polvo supera fácilmente esta autodepuración y terminan por depositarse en el tejido pulmonar y en los ganglios linfáticos, lo cual repercute negativamente en la salud de estos órganos. Según el tipo de partículas que forman el polvo contaminante, el efecto sobre el organismo será más o menos perjudicial. Así, por ejemplo, la posibilidad de producir tumores por parte de los polvos de amianto, cobalto y partículas radioactivas es mayor que en el caso de polvos de otros productos farmacéuticos, polen, pelo, cáñamo o productos textiles que son más propensos a producir reacciones de tipo alérgico.

La contaminación atmosférica no tiene fronteras, pero sí podemos encontrar aires más respirables en los sitios de abundante vegetación y alejadas de zonas industriales.

Las zonas de arboledas y bosques ejercen un efecto depurador del aire, actuando de filtro para las partículas de polvo, a la vez que gracias a la función clorofílica producen notables cantidades de oxígeno y reducen la concentración ambiental de dióxido de carbono. Asimismo, en los bosques hay una mayor concentración de ozono que en las grandes poblaciones. Su gran poder oxidante le permite actuar como purificador ambiental, siempre que permanezca en las concentraciones que nos proporciona la naturaleza, pues en dosis elevadas, por vía respiratoria, es tóxico.

Uno de los problemas más acuciantes de la humanidad en la actualidad es la progresiva destrucción de la capa de ozono y de su función protectora frente a ciertos tipos de rayos ultravioletas que emite el sol.

El valor higiénico y saludable de la vegetación es, pues, indudable e imprescindible para una buena calidad de vida. Poco a poco una sociedad como la nuestra que destruye e incendia los bosques va consumiendo el inmenso valor que la naturaleza nos ofrece para beneficiar nuestra salud, por ello debemos tender a la protección de los mismos y la creación de amplias zonas verdes en las ciudades, para conseguir una mejor protección de nuestra salud.

Hemos hablado en la página dedicada a la hidroterapia de los estímulos saludables que produce el agua sobre el cuerpo humano.

Estar desnudos en un ambiente natural bien aireado dándonos baños de aire puro produce un suave efecto estimulante sobre la piel, constituyendo una medida suave de fortalecimiento de nuestro organismo, por una mejor adaptación a los estímulos térmicos ambientales.

Los métodos naturales de salud siempre han empleado los baños de aire como una medida complementaria de otros tratamientos destinados a mejorar la capacidad defensiva y reactiva de nuestro cuerpo hacia las alteraciones de la salud.

En el baño de aire debemos estar protegidos de la irradiación solar o procurar que ésta sólo sea esporádica. Este tipo de baño constituye una excelente medida como sedante nervioso en personas fácilmente excitables.

Por lo general en nuestra consulta se recomiendan estos baños de aire puro, junto con los de sol y de agua, y ejercicios corporales, como medidas de fortalecimiento corporal.

Así mismo, debemos tener en cuenta que la respiración es el primer acto que realizamos cuando nacemos y también con un profundo suspiro cuando nos despedimos del mundo al morir. Podemos vivir algunos días sin beber y varios sin comer, pero es imposible sobrevivir varios minutos sin respirar.

La respiración es una vía de alimentación de nuestro cuerpo similar al sistema digestivo.

Las células necesitan el oxígeno que les llega con la sangre para vivir y para regenerarse, oxígeno que se ingiere al respirar.

Si la respiración es defectuosa o insuficiente por alguna razón, los efectos repercuten en todo el organismo, el cerebro se resiente, el cuerpo va perdiendo vitalidad y se intoxica, con lo que se favorece la aparición de diversas alteraciones de la salud

Cuando llevamos una buena actividad física diaria y al aire libre no hay que preocuparse mucho por nuestra respiración pues los pulmones se ven sometidos a una buena ventilación, inspiraciones y espiraciones profundas, pero cuando hacemos una vida demasiado sedentaria es necesario aprender a respirar bien hasta que se convierta en un hábito que no suponga ningún esfuerzo.

En nuestra consulta recomendamos y enseñamos a respirar en los distintos tipos de respiraciones a las personas que lo necesitan, para potenciar el beneficio que a través de dicho acto fisiológico puede suponer para la salud.

Se debe tener en cuenta que la aeroterapia a igual que otros métodos de estímulos naturales debe aplicarse convenientemente recomendada por un profesional, y nunca utilizarla sin conocer sus contraindicaciones.

Si desea conocer algunos aspectos sobre este método natural no contemplados en esta página puede consultarlo. Con mucho gusto le responderemos.