Fitoterapia Oriental

Sólo la naturaleza cura es la filosofía de la naturopatía, un método natural de salud holístico que lleva a nuestro alrededor desde los tiempos antiguos. Hipócrates, más que padre de la medicina debería ser llamado más específicamente el padre de la medicina naturopática puesto que, como nosotros los modernos naturópatas, incorporaba la dieta, el ayuno, la hidroterapia, la geoterapia, la helioterapia, el ejercicio y los métodos manuales, entre otros, en su sistema de cuidado de la salud. La naturopatía no confía en un solo tratamiento, sino que es multidisciplinaria y abarca muchos ingredientes y estímulos naturales.

Hasta el siglo XVIII toda la farmacopea, occidental y oriental, provenía de productos vegetales, sin embargo la comercialización de sus principios activos como fármacos en occidente casi hizo desaparecer aquí las hierbas medicinales... hasta que en 1975 la Organización Mundial de la Salud empezó a prestar atención a los éxitos alcanzados por Oriente en la buena solución de las enfermedades.

La estrategia de Oriente consistió en el reconocimiento de la utilidad curativa de las plantas medicinales.

Para ello incorporaron el herbolario a la medicina oficial, permitiendo hacer una valoración informativa de investigación clínica de todas sus hierbas.

Así gracias a la investigación oriental encabezada por China, Corea y Japón la fitoterapia cuenta con sus estrellas en la prevención y recuperación del todo tipo de enfermedades, la mayoría de estas yerbas son desconocidas en Occidente por el sistema sanitario oficial.

La contribución occidental en nuevos medicamentos de origen vegetal es, muy pequeña. Sin embargo la cuarta parte, si no más, de los fármacos empleados en Occidente se han modelado a partir de productos vegetales.

¿Qué nos ha pasado?.

La estrategia seguida por Occidente para la producción de medicamentos ha venido siendo determinada por dos factores: las dos guerras mundiales y el establecimiento de los sistemas de seguridad social.

Respecto a las dos guerras mundiales, los gobiernos hubieron de hacer frente a la necesidad de grandes cantidades de medicamentos para atender a los combatientes y a la población civil.

Los sistemas de seguridad social motivaron la demanda de fármacos para proveer a los médicos (miles de profesionales liberales convertidos en asalariados de las instituciones gubernamentales de la salud) con los únicos recursos que los medicamentos más o menos gratuitos dispuestos por la seguridad social para dicho fin.

Ambos factores obligaron a los laboratorios farmacéuticos a abordar nuevas estrategias de producción.

Anteriormente los fármacos se fabricaban artesanalmente a partir de extractos de plantas, lo que significó un replanteamiento del papel que las plantas medicinales venían desempeñando en su elaboración.

La industrialización de los medicamentos de origen vegetal comenzó en las últimas décadas del siglo pasado como un fruto más del desarrollo de la química francesa y alemana sobre todo.

En esa época surgieron los primeros laboratorios, que producían medicamentos en forma de jarabes, extractos, tinturas, pomadas y emplastos.

Para los habitantes de las ciudades, en pleno desarrollo y expansión, estos preparados resultaban más prácticos que el uso tradicional de infusiones elaboradas con plantas silvestres, que los habitantes conocían y recogían de su hábitat.

Esta incipiente industria farmacéutica procuraba, hasta donde las limitaciones lo permitían, conseguir la materia prima y los disolventes para prepararlas generando un volumen de producción, que se vendía en las ciudades a elevados precios.

Sin embargo resultó imposible fabricarlos en las cantidades requeridas por el nuevo mercado que establecieron la guerra y la seguridad social.

El caso que sirvió de ejemplo para dar solución a ese problema fue la aspirina. La síntesis de ácido acetilsalicílico y el consecuente desplazamiento de los salicilatos encontrados en la corteza de sauce, abrieron una nueva estrategia de producción: la obtención de medicamentos por la síntesis total de principios activos.

Así resultaba innecesario el cultivo o la extracción de la materia prima.

La producción en masa rebajaba el coste del producto final.

Además la dosificación resultaba cómoda y, sobre todo precisa.

El desconocimiento de la toxicidad y del mecanismo de acción de la aspirina no impidió que el ácido acetilsalicílico inaugurara un mercado masivo y mundial de nuevos productos farmacéuticos.

El modo de acción de la aspirina no se reconoció hasta la década de los ochenta cuando hicieron su aparición las prostaglandinas, es decir, casi cien años después de la identificación del ácido acetilsalicílico.

Así que la ciencia de principios de siglo llegó a suponer que, una vez conocido el principio activo de una planta medicinal, ésta dejaba de tener importancia comercial.

Se empezó a pensar que cada planta tenía sólo un principio activo que una vez aislado, solían ser alcaloides, se podía medir sus efectos en animales y sí se consideraba útil y no muy tóxico, se pasaba a humanos. Los demás metabolitos secundarios de la planta eran innecesarios para el efecto curativo.

Sin embargo ya en los años cuarenta los laboratorios farmacéutico se habrían derrumbado estrepitosamente porque esta estrategia limitaba mucho la eficacia en el descubrimiento de medicamentos.

La vincristina y la vinblastina, obtenidas del Catharanthus roseus, útiles para el tratamiento de la leucemia, eran el único hallazgo importante en varios decenios.

El resto de los productos medicinales de origen natural que se utilizaban en la medicina occidental provenían de la misma herencia obtenida del siglo pasado. Laxantes de Cassia senna y Plantado indica, cardiotónicos de Digitalis purpúrea, antiamebianos de Cephaelis ipecacuanha, sedantes de Valeriana officnalis, antiespasmódicos de Atropa belladona, antipalúdicos de Cinchona calisaya, reserpina de Rauvolfia serpentina.

De no ser por el descubrimiento de los antibióticos (de determinados hongos) la industria farmacéutica no habría seguido adelante con esa forma de investigar nuevos medicamentos.

Pero el éxito de los antibióticos fue tan importante y definitivo en Occidente que el estudio en el mundo académico de la botánica se derrumbó, y en las facultades de medicina se siguió el siguiente razonamiento: el empleo de plantas medicinales constituye una práctica empírica realizada por comadronas, herboristas y gente de poca o nula educación: utilizar estos recursos en la forma vulgar en que se la conoce puede poner en riesgo la salud de la población.

En Oriente la política de industrialización fue distinta a la de Occidente y también más efectiva, ya que permitió atender eficientemente las necesidades básicas de una población de 1000 millones de habitantes, como la de Europa Occidental y Norteamérica juntas.

La acupuntura, las tisanas de hierbas, los medios físicos de la tradición popular, fueron la combinación eficaz. Con las plantas se logró ser autosuficiente en medicamentos e impulsar programas de salud a toda esa numerosísima población.

La estrategia en Oriente consistió en el reconocimiento del valor intrínseco de su propia cultura popular y del conocimiento sobre la utilidad curativa de las plantas medicinales preservada durante milenios.

Para ello incorporaron el herbolario en la medicina oficial, y esto permitió hacer una valoración informativa de investigación clínica de todas sus hierbas.

Así China, Japón y Corea cuentan con una permanente investigación química y farmacéutica de los productosherbolarios usados por la población, en revistas con un excelente nivel como The Chung Kuo Chung Hsi l Chieh Ho Tsa Chih, Journal of Tradicional China Medicine, o el Japan Journal Cancer Research, y una constante evaluación clínica, como las llevadas a cabo en el hospital de Beijing en China.

Sin dejar de reconocer la necesidad de contar con una permanente investigación química y farmacológica de los productos herbolarios usados por la población o recomendados por los acupuntores, se optó por realizar la evaluación clínica, primer paso para seleccionar los recursos vegetales que deberían investigarse.

En otras palabras, se invirtió el método de investigación: primero se confirmó la utilización terapéutica del extracto, tisana o posición de uso popular, y, a partir de la información clínica obtenida, se desarrolló el nuevo medicamento con estudios clínicos y farmacológicos complementarios.

Uno de los mejores ejemplos de la acertada estrategia de investigación fue la realizada con la Artemisia annua (qinghao), medicamento antimalárico que resuelve el problema de las resistencias a la quinina y sus derivados.

El qinghao se ha utilizado en China durante más de 2000 años.

La investigación se inició en 1973 con la utilización del extracto original, administrado por vía oral a 2099 enfermos de malaria.

Esto se hizo bajo un estricto control médico en 12 hospitales: el 98% de los pacientes se curó.

Frente a tan contundente resultado y reuniendo una detallada información clínica sobre el efecto observado, se aisló el compuesto activo en los seis siguientes meses de trabajo. En sintetizar el compuesto y varios derivados se tardó un año.

Cuatro años después se conoció el mecanismo de acción de los productos obtenidos y se industrializaron los derivados más eficaces, artemisinina y arthemeter, éste último capaz de curar la malaria cerebral por vía intravenosa.

El desarrollo de medicamentos bajo la estrategia oriental no se ha limitado a la utilización de principios activos obtenidos de la planta cuyo uso en la medicina tradicional estuviera bien documentado, sino que también incluye la valoración de plantas en uso por la población actual.

Esto ha dado como resultado el surgimiento de la industria fitoterapéutica que comercializa extractos y tisanas de yerbas con resultados corroborados en los hospitales..

Gracias a ellas tenemos el Ligusticum chuanxiong para el tratamiento de la angina de pecho, el Crataegus oxyacantha para accidentes cerebrovasculares, la Angélica sinensis (danggui) para la hepatitis, la Indiburina para la leucemia, el Radix kansui, Radix achyranthis bidentatae y el Semen armeniacae en el cáncer, el Coptis chinensis y la Bruces javanica para la parasitosis intestinal resistente a antibióticos, el Huoxue gingjieling es más efectivo que la ampicilina en las colangitis , y la Rhizoma cynanchi stauntonii tiene efectos antiinflamatorios, expectorantes y antitusígenos en las bronquitis crónicas sin los efectos secundarios de la terapia de corticoides occidental, el Guizhi-fuling-wan en la oligoespermia y el varicocele, el Xiang shi qing jie en los catarros de primavera y otoño es más efectiva que la penicilina, el Yuxintong es un protector eficaz de la isquemia miocárdica, el Qingyangshen contra la epilepsia mal controlada, ...y un largo etcétera.

Pero además la también se estudió el valor terapéutico de combinaciones de plantas medicinales de tradición popular, mediante estudios clínicos y posteriores investigaciones químicas y farmacológicas, por ejemplo el Kampo es una mezcla de numerosas plantas útiles para estimular las defensas, coadyuvante en el tratamiento del cáncer, el Shimotsuto es una combinación con efectos contra la inflamación crónica, el Nao Li Su es una combinación de cinco plantas que incrementa el número de glóbulos rojos en las anemias crónicas del anciano, el Nao Yi An es un complejo de plantas efectivo en la prevención y tratamiento de hemorragias cerebrales, el TCM es una mezcla de veinte clases de extractos crudos de plantas que es capaz de elevar la supervivencia del terrible carcinoma de pulmón a dos años (mejor que con el tratamiento occidental), así como mejorar la severidad y complicaciones del SIDA en tracto respiratorio (también mejor que el tratamiento estándar occidental).

Esta estrategia ha permitió modificar el concepto occidental de un único principio activo por planta medicinal asumido hasta entones, para reconocer como la realidad es mucho más compleja y cada planta entera tiene un efecto que no es la suma de la acción de cada compuesto por separado.

Familias químicas consideradas en Occidente inertes como los flavonoides, pigmentos, taninos y otros productos que se perdían por el desagüe del laboratorio hoy se sabe, gracias a la fitoterapia oriental, que tienen una vigorosa acción farmacológica.

En resumen los descubrimientos que debemos agradecer a la farmacopea y a la química oriental de los medicamentos de origen natural son dos:

1. En la mayoría de los casos el conjunto de principios activos de un vegetal y la acción de cada compuesto por separado no corresponde con la suma de los compuestos químicamente parecidos: la mezcla es superior al producto puro y aislado.

2. El efecto biodinámico de un extracto depende de la época de recolección. Los pigmentos y flavonoides modifican la acción final de la planta, pudiendo llegar a ser incluso antagónicos.

A partir de los años setenta, cuando la Organización Mundial de la Salud empieza a prestar atención a los éxitos alcanzados por China en la solución de sus problemas de atención primaria, se empieza a producir un cambio que a la postre, modificaría el paradigma científico en torno a la investigación de las plantas medicinales, así la influencia de este modelo se ha dejado ver en el resto del mundo.

Bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud, se creó en 1975 el Programa de Promoción y Desarrollo de las Medicinas Tradicionales, miles de investigadores se lanzaron al rescate de las medicinas autóctonas.

Desde el tercer mundo surgen la Uña de gato (Ononis spinosa) como antirreumático y la Guajava (Psidium guajava) para controlar la diarrea y el colon irritable.

En Europa el Ginko biloba (Ginko) se consolida como un efectivo tratamiento de accidentes cerebrovasculares, depresión y Alzheimer; y se elabora y dosifica a partir de la concentración de flavonoides.

Mientras los escasos descubrimientos fitoterápicos occidentales consiguen una divulgación inmediata, los cientos de ellos orientales siguen recluidos en Oriente desde hace más de 2000 años a pesar que desde hace decenios tienen un respaldo científico.

La difusión del conocimiento ha sido siempre el motor de la ciencia, en nuestra consulta nos sentimos orgullosos de poder contribuir a su avance con la internacionalización de estos conocimientos, para bien de la humanidad.

Que así sea.

Que así debe de ser.