Helioterapia



La historia del ser humano está llena de descubrimientos unos más saludables y otros no tanto. Un ejemplo lo tenemos en la observaciones que se han realizado en los últimos tiempos con el sol y sus beneficios para la salud.

Herodoto, considerado uno de los grandes historiadores de la Antigüedad, nos habla de espacios o terrazas construidas por asirios y egipcios en las que se tomaban baños de sol. En Epidauro (Grecia) se habían construido unas galerías para que los enfermos, al salir de sus aposentos, pudieran aprovechar el efecto beneficioso del aire y de la luz del sol. Hipócrates y otros en su época reconocían el efecto beneficioso de los baños de sol.

Con el auge del cristianismo y su fundamentalismo religioso se consideraba pecaminoso exponer el cuerpo desnudo al aire libre y al sol, por lo que se abandonó el empleo de agentes físicos naturales (agua, masajes, etc.) y cayeron en el olvido los conocimientos que sobre estos métodos naturales y populares de la Antigüedad.

Aunque Avicena (980-1037), ya refirió el efecto protector y beneficioso de la luz del sol y la vida al aire libre en numerosos escritos y tratados sobre la salud, estos conocimientos permanecieron olvidados durante siglos ya que, hasta mediados del siglo XVIII, el francés Faure no deja constancia escrita de los efectos saludables de la luz del sol sobre alteraciones purulentas de la piel y sobre los abscesos crónicos.

Sin embargo, no es hasta el siglo XIX cuando empieza a ser aceptada la helioterapia, especialmente en el tratatmiento del raquitismo, de trastornos articulares crónicos y en la tuberculosis osteo-articular.

Hay que destacar la labor de dos grandes pioneros en este campo: la del suizo Arnold Rikli (1823-1906), que construyó en 1855 un sanatorio naturista, donde la toma de baños de sol era una de sus métodos naturales más destacados; y la del naturista alemán Heinrich Lahmann (1860-1905) que en 1898 publicó un amplio estudio sobre los efectos benéficos de estímulos naturales como el aire y el sol sobre el cuerpo desnudo, especialmente como agentes de endurecimiento de la resistencia corporal y mejora de la respuesta defensiva del organismo.

Otros investigadores apreciaron también el efecto bactericida de los rayos solares, por lo que a principios de siglo algunos médicos empezaron a recomendar la exposición de heridas mal cicatrizadas e infectadas a la luz del sol, así como de los focos tuberculosos superficiales.

La helioterapia es el método de salud natural que utiliza el efecto saludable de la luz solar sobre el organismo humano.

Los rayos solares son un conjunto de radiaciones de diferentes longitudes de onda.

Desde que salen del Sol hasta que llegan a la Tierra transcurren poco más de ocho minutos y es al contactar con la atmósfera terrestre y la superficie de nuestro planeta cuando percibimos su luminosidad y el color que producen.

A lo largo del vacío cósmico sólo reina el frío y la oscuridad, pues los rayos solares precisan el contacto con partículas para que nuestros sentidos puedan percibirlos.

El espectro visible de la luz solar va desde el rojo al violeta.

Sin embargo, sabemos que hay rayos no visibles (infrarrojos, ultravioletas) que ejercen un efecto biológico sobre los seres vivos. Parte de ellos son absorbidos al llegar a la atmósfera, y los rayos infrarrojos de onda larga lo son por el vapor de agua atmosférico, mientras que la capa de ozono de la estratosfera neutraliza gran parte de los peligrosos rayos ultravioleta de corta longitud de onda.

Efectos saludables de la luz solar sobre el ser humano:

- La incidencia de la radiación solar sobre la piel produce en ella un aumento de su irrigación por vasodilatación, que da lugar al típico enrojecimiento (eritema solar). Esto se debe a la acción de los rayos ultravioleta a través su efecto fotoquímico sobre la histidina (aminoácido) de la piel que se transforma en histamina, la responsable de la citada vasodilatación. El tiempo de exposición al sol y el tipo de piel condicionan la aparición de un mayor o menor enrojecimiento.

En las personas de piel muy blanca, niños pequeños y cuando aún no ha aparecido el bronceado protector, este eritema solar aparece a los pocos minutos de exposición al sol. Es recomendable que la piel se vaya bronceando paulatinamente durante varios días para evitar la aparición del referido eritema solar, que es la etapa inicial de las quemaduras producidas por el sol.

La piel, para protegerse de las sucesivas acciones de los rayos solares, va aumentando su pigmentación, como todos hemos observado después de pasar unos días en la playa, en la sierra o en cualquier lugar que nos expongamos a los rayos solares. También las capas más superficiales de la misma se endurecen ( hiperqueratosis) y se engrosan como mecanismo protector frente a la exposición repetida a las radiaciones del sol.

Tomar el sol razonablemente activa las funciones vitales de la piel e incluso estimula la formación de glóbulos rojos en la médula ósea: En cambio, una exposición excesiva acelera el envejecimiento de la piel, como se observa en tantas personas adictas al sol veraniego. Justamente en verano deberíamos tomar el sol a primeras horas de la mañana o bien entrada la tarde, cuando el sol está bajo, para evitar una insolación excesiva.

- Los rayos solares y más concretamente las radiaciones ultravioletas, que también se pueden producir de forma artificial, tienen un efecto bactericida y antiséptico, lo cual puede resultar útil en el caso de heridas superficiales.

- Los rayos solares estimulan la formación de la vitamina D en el organismo. En la piel se hallan presentes sustancias precursoras de la vitamina D que por efecto de los rayos solares se transforman en las vitaminas D2 y D3, que desarrollando su efecto fisiológico son capaces de ejercer un efecto preventivo sobre el raquitismo y la osteoporosis. Por ello conviene que a los niños, aunque sean pequeños y los mayores, les dé el sol con cierta regularidad. La vitamina D participa en el metabolismo del fósforo y del calcio y en la formación de los huesos.

En general, podemos decir que la luz solar favorece la absorción de calcio por parte del hueso y, por tanto, es un m óptimo para la prevención de la osteoporosis. .

Uno de los trastornos en los que la helioterapia tiene una mayor importancia es en la tuberculosis ósea, afortunadamente es una alteración de la salud poco frecuente actualmente. Asimismo, se ha observado un efecto reconstituyente y regenerador sobre las fibras musculares, pues mejora su irrigación y nutncción.

También se obtiene un efecto analgésico gracias al calor que transmiten los rayos infrarrojos en las zonas expuestas.

- Mediante la helioterapia se han observado resultados positivos en trastornos de la menstruación, en los de crecimiento y en la obesidad por causa de una disregulación hormonal. Los estímulos luminosos captados por la retina son transmitidos al cerebro y también a la hipófisis, glándula rectora que desempeña un papel primordial en el control de todos estos procesos hormonales.

- Con la práctica de la helioterapia se ha observado un efecto normalizador ante ciertos trastornos de la regulación neurovegetativa. Hay una fase inicial de enrojecimiento por estimulación del sistema nervioso simpático, con aumento transitorio de la presión arterial, el pulso, la frecuencia respiratoria y el metabolismo basal.

Al cabo de un tiempo aparece la fase de bronceado en la que se produce una disminución de los factores citados, pues en ella se produce un predominio vagotónico.

Si queremos evitar la primera fase simpaticotónica deberemos iniciar los baños de sol de una forma lenta y progresiva, con cortos periodos de exposición, de forma que el enrojecimiento apenas se manifieste, lo cual es especialmente recomendable sobre todo en personas de piel clara y sensible.

El efecto tonificante del sol influye asimismo en el área psíquica de la persona, mejora la sensación de bienestar y ayuda a mantener un buen estado de salud y vitalidad. Por ello no es de extrañar que las depresiones sean más frecuentes en los países nórdicos, donde la incidencia y las horas de la luz solar son menores.

En general, podemos afirmar que la exposición periódica a la luz del sol es un factor básico de salud, sobre todo en personas aquejadas de distonías neurovegetativas, nerviosismo, agotamiento, funcionamiento insuficiente de las glándulas endocrinas (hipófisis, tiroides, ovarios, etc.) y en los estados anémicos.

Se debe tener en cuenta que la helioterapia a igual que otros métodos de estímulos naturales debe aplicarse convenientemente recomendada por un profesional, y nunca utilizarla sin conocer sus contraindicaciones.

Si desea conocer algunos aspectos sobre la helioterapia no contemplados en esta página puede consultarlo. Con mucho gusto le responderemos.